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domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 3- Desorden

—Hermanos, a pesar de su silencio y respeto, sé que están preocupados porque la tormenta anual de Gilthan se ha atrasado con respecto a otras ocasiones; pero sepan que averiguaremos todo lo que podamos acerca del asunto que, como creemos, tiene relación con la escasez de especies para alimentarnos... pero como ya saben, haremos de todo por ayudar a nuestra amada Madre Naturaleza si es que está pasando por un mal momento, como ya varios de ustedes debe suponer...
El que había hablado se detuvo para contemplar los semblantes de todos los lobos que lo observaban. Veía las dudas, el temor, la confusión y la preocupación grabados en sus expresiones, y sólo pudo bufar.
Se trataba de un gran lobo de orejas y cola tan oscuras como los densos nubarrones que habían quedado después de la tormenta y que ahora se disolvían en el cielo. Su rostro era serio y frío, pero sus ojos expresaban amabilidad y sabiduría, lo que lo hacía alguien confiable... bueno, casi confiable.
Él era el líder de la manada y, junto con otros cuatro individuos, formaban el Consejo de Lobos de Gilthania, la segunda tribu más poblada. Había sólo cinco manadas en todo el mundo: Asrah, Rodgel, Tarmd, Hayerwall y Gilthania; luego las explicaré con detenimiento, pero ahora continuemos.
El consejo estaba formado para decidir el porvenir de la tribu, las acciones que debían efectuar en caso de invasión o guerra y cómo sobrellevar la actual escasez de alimentos. Solamente los lobos más sabios o los guerreros más fuertes formaban parte de este exclusivo consejo, ya que necesitaban diferentes puntos de vista para poder tomar una decisión firme y concreta.
Justo a la derecha de el gran líder se encontraban aquellos lobos, pero detrás de ellos, observando todo con desinterés y cansancio, se encontraba Theodore quien jugueteaba discretamente con sus dedos, fingiendo prestar atención a lo que su padre estaba diciendo.
—Gran Zacheran, ¿acaso nuestros compañeros de otras tierras sufren las mismas consecuencias? —preguntó un lobo con voz trémula. Había hecho una profunda reverencia antes de hablar, ya que esa era la única manera de poder anteponer las palabras de un lobo con las del gran líder.
El rostro de Zacheran se endureció. Realmente le molestaba aquella falta de confianza que tenían los individuos de la manada... es cierto que falta comida, pero eso no significa que la Madre Naturaleza estuviera resentida con ellos.
—Entiendo que sean tiempos difíciles donde escasea la comida y donde todos sabemos que los impuros están extendiéndose cada vez más —respondió el gran lobo, dando un suspìro de impaciencia, pero para superar aquellas adversidades, deben confiar en nosotros, en este consejo formado por individuos que, como ustedes, pelean por sobrevivir y por volver a los "ciclos dorados"...
Los ciclos dorados fue una época donde la luna se asomaba de entre las nubes con un color amarillento. En todo ese tiempo en que estuvo en ese color, hubo prosperidad en Gilthania, los indices de natalidad subieron y los impuros se mantenían en su territorio, sin expandirse. Claro que esos fueron otros tiempos, y ahora deben pelear por recuperarlos.
Gaby bajó la cabeza y dejó escapar un suspiro de sus labios. Odiaba aquellas reuniones de emergencia porque siempre significaba que algo malo pasaba, y al parecer se estaba volviendo rutina que pasen cosas malas. Naty sólo necesitó observarla para darse cuenta de que ambas pensaban en lo mismo y, a modo de consuelo, le golpeó suavemente en el hombro y susurró en su oído:
—Tranquila, si escasea la comida, todavía podemos atacar a Theodore y alimentarnos de su carne... después de todo, merezco una venganza...
Gaby rió entre dientes y observó al aludido, quien dejó de jugar con sus dedos para poder jugar con sus orejas, las cuales movía hacia arriba y hacia abajo a una gran velocidad.
En ese momento, los ojos claros del lobo se posaron sobre aquellas dos y una sonrisa perversa afloró en su rostro con lentitud, causando un gran escalofrío a Naty. Ambas sabían que en ese momento estaba disfrutando y recordando su escena sin apenas escuchar una palabra de lo que seguía diciendo su padre.
—Es deprimente saber que, dentro de muy poco, él será nuestro líder —masculló Gaby.
Naty no la escuchó ya que se esforzaba por devolverle a Theodore una mirada de odio, aunque sólo pudo acariciar su propio cuello. La mezcla que había preparado Gaby había cicatrizado rápidamente su herida, pero todavía quedaba la marca rojiza de los colmillos de su atacante, la cual se destacaba en su blanquecina piel.
Theodore se pasó la lengua por sus colmillos, como si todavía estuviera saboreando las lágrimas saladas de Naty, o su sangre.
—Ya lo verás —pensó la loba, presionando sus puños con ira— el que muerde último, saborea mucha más sangre...

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