—No —mintió Naty. No deseaba demostrar debilidad delante de su amiga, ya que se había humillado bastante con Theodore, así que soportaba todo el ardor que producía aquella extraña mezcla en contacto con su piel— pero me molesta el hedor que emana.
—A mi también, pero después de esto quedarás como nueva —afirmó, sonriendo de oreja a oreja.
Un furioso y poderoso rayo partió el cielo en dos, dando la impresión que el firmamento se abría y una enorme luz envolvía toda la corteza terrestre. Seguido a ello rugió con ira un trueno que similaba a una enorme explosion que destruiria todos los tímpanos de cualquiera que lo escuchase debido a su fuerza.
La lluvia caía como una gran cortina de agua cuyas gotas, gruesas y pesadas, golpeaban con fuerza a cualquier incauto que se hubiera atrevido a estar expuesto al aire libre con aquella terrible tempestad azotando todo el bosque. Además había que sumarle la poderosa ventisca que derribaba arbustos, plantas y hasta árboles sin piedad por los seres bióticos.
¿Y dónde se encuentran aquellas híbridas animal-humanas? Muy sencillo.
La manada de la cual eran parte estaba preparada para tormentas como aquellas. Precisamente aquella tormenta estaba prevista por ellos ya que ocurría una vez al año: la tormenta del príncipe Gilthan. Luego describiré mejor esta tormenta, pero ahora continuaré con nuestras protagonistas.
Como decía, esta tormenta, como tantos otros eventos climáticos (y otros no tan climáticos) estaban previstos, y por eso fueron destinados varios puntos de refugios ubicados en el corazón de las sierras que rodeaban el valle. Eran cuevas cuyas entradas estaban camufladas para que ninguna otra criatura lograse encontrarlas y para evitar que las fuertes tormentas penetrasen en el refugio y afecten a los refugiados.
Es así que tanto Gaby como Naty estaban dentro de uno de los corazones de las sierras, esperando a que el tiempo mejore para poder salir y lograr reunirse toda la manada junta.
—Me preguntó como estará Kegan... —susurró Naty. Realmente no tenía mucho interés sobre cómo estaba su hermano en ese preciso momento, pero quería hablar de algo para olvidar aquel dolor provocado por la crema curativa que le había aplicado su amiga.
—Seguro que bien —replicó Gaby— todavía es un cachorro, y la manada le entrega suficiente comida como para desarrollarse por completo... aunque dentro de poco tiempo vas a tener que enseñarle a cazar.
—Creo que será mejor que lo haga tu hermana... después del día de hoy siento que tuvimos suerte tan sólo al lograr cazar esa liebre —bufó la loba gris, entrecerrando sus ojos. Deseaba que el día terminase cuanto antes para poder relajarse y olvidar su humillación.
—Sommy también tiene su vida, no lo olvides... ella ya cumplió con su deber de enseñarnos a cazar, pelear y a subsistir en el medio del bosque —le recordó su compañera con voz de reproche, haciendo acompañamiento con un leve movimiento producido por sus orejas marrones— ella también debe alimentarse, además de que está a una edad pronta para poder reproducirse.
—¿Está con deseos de criar a un cachorro?
—Si, al parecer quiere tener a un pequeño guerrero que pelee por su manada y que sea el mejor... además, ya ha encontrado a su "tercera pata" y está muy enamorada.
Tercera pata era para ellos una manera común de decir "encontraste a tu lobo, el cual alimentará a tus cachorros y te hará feliz". Se dice de esa manera ya que ellos, al caminar con sus dos piernas, creen que la pareja que los acompañe será tan funcional y práctica como una tercera pata, y les permitirá crecer y volverse más fuerte para toda la manada.
—Está parando —anunció uno de los refugiados que se había asomado al sentir el soplido del viento disminuyendo su fuerza.
Todos los que se encontraban allí dentro se pusieron de pie y se tomaron de las manos. Cerraron sus ojos y luego, todos juntos, aullaron con todas las fuerzas de sus entrañas formando un solo aullido que vibró por toda la sierra. En ese momento, otras sierras también vibraron, dando la señal de que los otros miembros de la manada estaban haciendo lo mismo en ese preciso momento.
—Gracias, Madre Naturaleza, por permitir que Gilthan nos mande una vez más su milagroso don —dijo un lobo muy anciano, de mirada cansada y blancos cabellos.
Se soltaron y todos salieron del refugio. La lluvia se había detenido y solamente eran los rayos únicos testigos de aquella tempestad... claro, también lo eran todos los árboles, arbustos y demás vegetaciones que había sido arrancados de cuajo y derribados con salvajismo.
—Esta vez la tormenta de Gilthan se ha atrasado un poco, ¿verdad? —preguntó Naty por lo bajo.
Gaby asintió.
—Al parecer algo no marcha bien... la Madre Naturaleza nunca hizo esto... creo que los impuros y los oscuros salieron de las tinieblas y vuelven a las acechanzas... —agregó.

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