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jueves, 31 de mayo de 2012

Capítulo 1- Pequeños problemas

—¡Naty! —exclamó Gaby, lanzándose sobre aquella cosa con el fin de apartarla de su amiga. Por desgracia, ese animal se la quitó de encima dándole una patada que la empujó contra un árbol.
Naty se revolvía y, defendiéndose dando manotazos, trataba de quitarse de encima a aquel enemigo que resistía todos sus golpes y que apretaba cada vez más su mandíbula, perforando la piel y entrando en contacto con la sangre que manchaba sus colmillos de un oscuro color rojo.
Gaby se incorporó rápidamente y volvió a lanzarse contra la criatura y en esta ocasión logró derribarlo y quitarlo de encima de su amiga, la cual recuperó sus fuerzas y esperanzas al no sentir más unas enormes fauces que le abrían la arteria.
Mientras tanto, la pelirroja se había quedado de cuclillas en el pasto, analizando a su enemigo por completo: era de su misma especie, sólo que era macho; sus orejas y cola eran más claros que el color de la arena de playa y su cabello era tan rubio como el brillante sol en pleno mediodía.
Ella lo reconoció y reaccionó tarde cuando él se le arrojó encima y, con una sola mano, comenzó a presionar su cuello con mucha fuerza. Un gemido ahogado se escapó de los labios de la muchacha mientras luchaba en vano para quitarse al atacante de encima y recuperar algo de oxígeno.
Naty, ignorando por completo la herida se lanzó hacia aquel imbatible enemigo con el propósito de devolverle la mordida, vulnerarlo y, a la vez, salvar a Gaby. Por desgracia, éste era ágil y fuerte y, con un rápido movimiento, aprisionó con su otra mano libre el cuello de ella y le presionó con fuerza. Instantáneamente, Naty cayó al suelo y comenzó a revolverse, tratando de vano de escapar y ponerse a salvo. Debido a que la mordida había sido tan poderosa, con este nuevo dolor sintió como si le estuvieran desgarrando el cuello y toda su sangre regara el pasto, haciéndolo crecer con el caliente néctar rojo que salía en grandes cantidades.
Esto era muy superior a lo que podían soportar, ambas estaban seguras de su próxima muerte. Naty no resistió mucho el dolor y, como última acción, solamente pudo derramar varias lágrimas que se deslizaron por su mejilla y cayeron sobre la mano del agresor. Un ligero apretón más y ya eran cadáveres.
Mas eso no pasó. De hecho, aquel enemigo aflojó su presión y liberó a ambas chicas. Inclinó la cabeza para atrás y una gruesa y cínica carcajada escapó de sus labios como el poderoso rugido de un león. Con suma delicadeza, pasó la lengua por su propia mano, saboreando las saladas lágrimas de Naty que habían caído sobre ella cuando la estaba torturando.
—Lástima, has llorado y arruinaste el momento... —murmuró con soberbia y diversión— creí que te resignarías a una muerte digna, pero has llorado como un cachorro recién nacido y eso no puede permitírselo a un lobo bien desarrollado y apto para cazar...
—Cállate... Theodore... —gruñó débilmente Gaby. Debido a la presión que fue ejercida en su cuello, tenía una tos muy fuerte que le obligaba a dar grandes bocanadas de aire para recuperar su oxígeno.
—... entonces la próxima vez que salgan a cazar debo pensar que se convirtieron en cadáveres —rió— no pueden defenderse ni de un cachorro de perro salvaje... ¿por qué no le piden a sus papis que lo hagan por ustedes, así vuelven a revolverse en el lodo y a jugar a morderse las colas como los cachorritos recién nacidos?
—¡Cállate, imbécil! —rugió Naty ahogadamente. El grito hizo que su garganta vibrara con fuerza, lo que provocó un dolor agudo en la zona en la cuello y que salieran más gotas de sangre de la herida. Sus ojos centellaban por las lágrimas y por eso bajaba su mirada... a pesar del intenso dolor que le carcomía todos los miembros de su cuerpo, nada le afectaba más como la humillación de mostrar sensibilidad delante del enemigo.
Theodore se incorporó y clavó una mirada fría sobre ella, quién trató de esquivarla mirando cómo Gaby se recomponía y se ponía de pie.
—Trata de ser dócil porque pronto dependerás de mi... —masculló en voz baja, con tanta soberbia que parecía ser un ejemplo perfecto para destacar de aquel pecado capital— intenta ser un poco más sumisa para tu futuro líder...
Naty iba a responderle con toda la furia que le podía albergar el corazón, pero Gaby la miró resignada, como si quisiera decirle: <<Olvídalo, insultándolo no lograras nada...>>.
Theodore soltó una risita suave y burlona que crispó los nervios de la loba gris, aunque ella resistió con dignidad y se levantó del suelo con el mismo honor que una combatiente que ha dado todo por sus creencias y pasiones y que está orgullosa por ello.
El molesto y orgulloso muchacho dio media vuelta y se alejó trotando con tanta rapidez que ya no había ni rastro de él en el horizonte del valle.
—¿Por qué me trata así si no soy su enemiga? —preguntó, tambaleante y casi desfallecida. La sangre que había perdido no era mucha, pero tenía un dolor sordo que surgía del cuello y le dejaba paralizado gran parte del cuerpo.
—Olvídalo... —cortó Gaby, negando con la cabeza— vamos, la tormenta se avecina y debemos encontrar pronto nuestro refugio... en el camino tomaremos algo de hierba y hojas de coa y lino rojo y curaremos rápidamente tu herida...
Esbozándo una débil sonrisa, Gaby rodeó con su brazo a su amiga y le ayudó a avanzar hasta el camino que las guiaría hacia el refugio...

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